El hombre que amaba a unos colores
Opinión - Opinión
Jueves, 09 de Febrero de 2012 20:09

Por Daniel Marín

Quien escribe esto está aún conmocionado. La muerte de José Carlos Pérez duele. Mucho. Por ello no puedo evitar derramar toda mi subjetividad en un artículo que él ya nunca leerá. Cuando lo conocí, José Carlos era ya parte activa del club. Un tipo peculiar. Serio y a la vez alegre; distante y a la vez cercano. Su vida profesional era ciertamente ajetreada, pero siempre guardaba un amplio espacio para su gran pasión: el Málaga. Estuvo durante dos décadas trabajando a destajo en el club. Y hasta hace muy poco lo hizo en la sombra, aguantando estoicamente el desafortunado apelativo de ‘consejero jarrón’ y también los peores momentos de la entidad. Sólo porque le gustaba, porque amaba a su club. Pagando generosamente de su bolsillo muchos de sus viajes, los trajes oficiales de la plantilla, comidas a la cantera, muchos préstamos necesarios y un sinfín de “facturas a fondo perdido”. Y lo hacía sin alzar la voz, por el amor a unos colores.

La Junta General Extraordinaria de julio de 2010 en la que se sucedieron los consejeros de Sanz le pilló en Atenas. De crucero, con su familia. Se sabía fuera. En un primer momento, los nuevos propietarios arrasaron con casi todo lo que había, pero una conversación entre Pérez y Abdullah Ghubn, días después, les hizo recapacitar. José Carlos se convirtió de la noche a la mañana en el brazo derecho del jeque en Málaga. Ghubn creía en él para liderar el proyecto en su ausencia. Su inseparable Martín Aguilar también formaría parte del nuevo consejo. En los dos años siguientes, Pérez se ha dejado la vida en esas paredes de Martiricos. Se despojó de sus otros quehaceres profesionales y se entregó a la causa sabiendo el riesgo que conllevaba. Valiente. Sólo por el amor a unos colores y el cumplimiento extremo de sus obligaciones adquiridas. Porque José Carlos era un hombre fiel a sus principios y a su gente. Y al Málaga.

Y así, de un día para otro, se convirtió en el hombre para todo. Su amplia experiencia como gestor y negociador le valieron para poner en marcha una profunda reestructuración del club. Se reunió de su gente de confianza e inició un trabajo que se quedará para siempre. Quería una entidad seria, modélica y moderna. Y hacerse respetar en los campos y en los despachos del fútbol nacional y europeo. Porque quería a su club. Puede que cambiara su carácter, pero no sus convicciones. Antepuso el Málaga a su persona. Pero el peaje era caro. Descuidó su vida absorbiendo un enorme volumen de trabajo por el mero hecho de ver encarnado un sueño. El sueño de un Málaga grande. Él, que soportó a su equipo vagabundear en los peores momentos, quería dejarlo, ahora que podía, en lo más alto posible. Desafortunadamente, José Carlos ha llegado a la gloria antes que su Málaga, pero pronto, seguro, verá desde su palco en el cielo como su sueño se hace realidad.

Descansa en paz.

 

Comentarios (1)Add Comment
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Descanse en paz,Grande
escrito por Alvaro Martín12., febrero 09, 2012
Mi mas sincero pésame a la familia,un abrazo fuerte allá donde estés,muchas gracias por todo lo que has hecho en nuestro Málaga Jose Carlos.

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